Todo lo que deseo

jueves, octubre 13, 2005

Disparejos

Él tiene 13 años, ella 28. Ella es amiga de su hermana mayor y él un niño recién descubriendo el mundo, haciéndose joven.

El día está soleado y ella lo llama a lo lejos. En un desliz diurno él se fuga por el techo de una galería trasera hasta la casa contigua, su casa. De un brinco se sienta en el borde de la ventana con las piernas colgando hacia dentro de la habitación.

Sin pensarlo mucho ella lo toca tímidamente en su sexo, sobre la ropa, simulando un roce casual. Nadie los ve. Ella estaba ansiosa, él nervioso. Hasta ese momento las únicas manos que tocaban esa zona eran las suyas y siempre a escondidas. Esto era algo desconocido, atractivo y le gustaba mucho.

Poco a poco el pudor se desvanecía y el tenor de las caricias se intensificaba. Él no sabía que hacer, estaba quieto mirándola a los ojos, ella lo quería todo. En un acto de impaciencia ella le bajaba el cierre del pantalón mientras en él la virilidad iba en aumento y se ponía en evidencia.

Repentinamente un golpe en la puerta los devolvía a la realidad. Ella se acomodaba el cabello y él se subía el cierre raudamente y volvía a casa por donde mismo llego, con la cabeza llena de preguntas, con el corazón a punta de explotar y el honor a salvo.

Para él ese sería el primer encuentro con un tema que no lo abandonaría por el resto de sus días. Para ella un problema sin solución.


 
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